Tiempos Recios
Casi
nada conocemos de la historia de nuestro sureño vecino Guatemala, excepto
quizás, que alguna vez formó parte de México y que compartimos una pequeña,
aunque sustancial e importantísima frontera, por donde ingresan diariamente
multitud de personas provenientes de Centro y Sudamérica. Precisamente es el
Premio Nobel de Literatura 2010, el peruano naturalizado español, Mario Vargas
Llosa, quien a través de las líneas de “Tiempos recios” (Alfaguara, 2019) nos
acerca a un gajo de la historia reciente de aquel colindante país que otrora
formara parte de la Nueva España.
Novela que con su estilo atrevido, afanoso y periodístico, nos lleva a profundizarnos en el infame capítulo del Golpe de Estado guatemalteco que supuso la llegada al poder de Carlos Castillo Armas, allá en 1954 y que, tras ser vitoreado como una especie de “Salvador de la Patria”, volvióse asaz incómodo para los perniciosos intereses de los poderosos y acabó, como tantos otros gobernantes de nuestro hemisferio americano, muerto a balazos en una nueva asonada que atrasó la democratización de la zona.
Los personajes que nos presenta Vargas
Llosa son reales, aderezados con su especial toque de fantasía que le es tan
común al autor de “Pantaleón y las visitadoras”. Se nota que el autor dedicó
buena parte de su tiempo en hacer una profundísima investigación para que al
lector no le cupiera la menor duda acerca de los acontecimientos
centroamericanos de un periodo que abarca de 1934 a 1961. Las implicaciones que
conlleva la denuncia de “Tiempos recios” no tienen parangón. De plano, Vargas
Llosa acusa al gobierno estadounidense de Dwight Eisenhower, entrar en
pernicioso contubernio con la empresa United Fruit para dar un injustificado
golpe de estado del legítimo Presidente de Guatemala, Jacobo Árbenz, acusándolo
de formar parte de una operación soviética para implantar el comunismo en el
continente americano, cosa que además jamás fue cierta ni se le pudo comprobar.
La deliciosa personalidad de Miss
Guatemala, Marta Borrero Parra, personaje fundamental de la novela, además de
otros actores reales, como fueron Johnny Abbes García, un dominicano implicado
en el magnicidio de Castillo Armas el “Cara de Hacha”, quien también aparece en
la exquisita obra del peruano. Entre otros, se encuentran también el jefe de
seguridad del régimen, el teniente coronel Enrique Trinidad Oliva, caído en
desgracia más tarde y pieza de un ajedrez internacional que involucraría
también a hombres maquiavélicos de la historia continental, como el
Generalísimo Rafael Leónidas Trujillo, dictador de República Dominicana y cuya
obsesión insana por defender a la región del comunismo lo llevaría a meter sus
narices en asuntos de países soberanos como Guatemala, Nicaragua o Panamá.
Conveniente primero, y después incómodo para los intereses estadounidenses,
Trujillo también aparece en esta novela como parte fundamental de una
conspiración para acabar con la legítima presidencia guatemalteca de un Árbenz
que acaba en la historia empobrecido, olvidado, disminuido y apesadumbrado sin
poder siquiera defenderse del verdadero autor golpista de 1954: el siniestro embajador
de Estados Unidos John Emil Peurifoy, quien quizás por justicia divina, también
muere en circunstancias sospechosas poco después.
La novela recrea situaciones basadas
en la verdadera historia de aquellos aciagos días en que a Guatemala le fue
negada la modernidad y democratización que pretendía Árbenz (y su antecesor
Arévalo) y que nos lleva por los vericuetos de la política internacional que
acabó afectando a todo el continente al precipitar, poco después, el
advenimiento de la Revolución Cubana, desatando simpatías por el sistema
político al que se le quiso atacar y despedazar. Una obra de 351 páginas muy
recomendable por su contenido y su estilo prosístico al que Vargas Llosa nos ha
acostumbrado en sus múltiples y laureadas obras.

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